Establecer procesos comunicativos con el enfermo terminal y su
familia
En un contexto clínico
resultaría incorrecto por muchas razones mentir, pero reducir o postergar la
revelación total de la verdad podría ser justificable moralmente. Si un
paciente se encuentra emocionalmente afectado, deprimido y con actitudes
suicidas, entonces se requiere de cautela para que la revelación de la verdad
no contribuya a un severo perjuicio(4). En este caso, en vez de mentira
se podría hablar de un ocultamiento de la verdad.
Este ocultamiento puede
tomar diferentes formas, la mayor parte de ellas relacionadas con la forma de
la entrevista en que la verdad debe ser comunicada; también puede tener muchos
propósitos y llevar a diversas consecuencias. En general, la postura de ocultamiento
ha sido sostenida bajo el principio de no maleficencia, aduciendo que, en
algunos casos, la verdad puede causar un daño al paciente(5). Este
manejo o manipulación de la verdad, que suele utilizarse en la comunicación del
diagnóstico y pronóstico de enfermedades terminales, y que estaría avalando uno
de los deberes de la profesión médica como es la beneficencia, es entendido
como solidaridad con el enfermo que sufre, que padece un mal doloroso que
afecta su salud y que amenaza su vida.
El atenuar la angustia o la depresión,
productos de una verdad dolorosa, podría ser una motivación suficiente para
ocultar la verdad.
El hecho de ocultar la
verdad en la relación médico-paciente terminal requiere de especial atención,
ya que en la actualidad los pacientes demandan más información sobre las
opciones de tratamiento, riesgo, técnica quirúrgica, pronóstico, entre otros
aspectos. Esto ha generado incluso un cambio en nuestras leyes. Los pacientes
podrían experimentar un daño si se les miente. No sólo se pasaría a llevar su
autonomía, sino que, además, aquellos pacientes que no están al tanto de la
verdad acerca de las intervenciones experimentan una pérdida total de la
confianza en el médico, la cual es fundamental para el proceso de cuidados.
.jpg)




