Aspectos éticos de la enfermedad terminal
La
Medicina está al servicio de los intereses vitales de la persona, de su vida y
de su salud. Es una actividad ética, cuyo aspecto calificador es la
benevolencia. La razón principal de la actuación médica no es la petición
del paciente, sino la indicación médica; el principio de autonomía no está en
contra del principio de beneficencia. La Medicina debe integrarse en una
visión amplia del hombre, sin seguir un modelo reduccionista y funcionalista;
no puede convertirse en su propio cuadro interpretativo, sus límites no deben
ser los límites técnicos.
El positivismo jurídico no hace más ético ningún acto médico; el aspecto económico en las instituciones de salud es muy importante, pero no es más que un aspecto condicionante, no es calificador de la acción del médico.
Si no se considera la Medicina como profesión ética, se convierte en instrumento de la ideología o de la clase política dominante en la sociedad. La práctica de la Medicina debe convertirse en instrumento de verdadera humanidad en la sociedad.
Con Hipócrates (460 a.C), la Medicina se convirtió en una actividad científico-natural y se sometió voluntariamente a un código de elevadas exigencias éticas, a fin de corresponder a la confianza que la sociedad y cada enfermo depositan en la profesión médica y en cada médico. En todos los códigos deontológicos se señala al médico que su misión es siempre la de curar o aliviar a sus enfermos, y que debe guardar el máximo respeto hacia la vida humana y la dignidad de cada enfermo.
Para respetar incondicionalmente la dignidad personal de cada paciente, además de la necesidad del realismo epistemológico y ético ya mencionados, no debe olvidarse que la ciencia biomédica, incluso la investigación, tienen una dimensión ética, que la ciencia debe hacerse siempre a conciencia.
El razonamiento sobre Etica médica no es algo meramente abstracto, porque tanto la Etica como la Medicina tienen como destino al ser humano, y éste debe ser considerado en la plenitud de su valor.
La necesidad de saber quién es el ser humano para esclarecer el modo correcto de tratarle es incuestionable. El ser humano, debido a su interioridad, se encuentra en la cima de todos los demás seres de la Tierra; es el único que es persona, que tiene intimidad y libertad, que es capaz de dar, que es sujeto y no objeto, que ha de ser tratado como fin y no sólo como medio, que tiene dignidad, y valorar por tanto quién se es y no qué se es.
Etica médica y derechos humanos están estrechamente vinculados; la dignidad personal del ser humano está siempre presente y siempre igual en todos y cada uno de los hombres y mujeres. Por tanto siempre y hasta su final, el ser humano ha de ser tratado y respetado como tal, como merece su dignidad, y, por tanto, reconociéndole los derechos personales, especialmente el de la vida.
El positivismo jurídico no hace más ético ningún acto médico; el aspecto económico en las instituciones de salud es muy importante, pero no es más que un aspecto condicionante, no es calificador de la acción del médico.
Si no se considera la Medicina como profesión ética, se convierte en instrumento de la ideología o de la clase política dominante en la sociedad. La práctica de la Medicina debe convertirse en instrumento de verdadera humanidad en la sociedad.
Con Hipócrates (460 a.C), la Medicina se convirtió en una actividad científico-natural y se sometió voluntariamente a un código de elevadas exigencias éticas, a fin de corresponder a la confianza que la sociedad y cada enfermo depositan en la profesión médica y en cada médico. En todos los códigos deontológicos se señala al médico que su misión es siempre la de curar o aliviar a sus enfermos, y que debe guardar el máximo respeto hacia la vida humana y la dignidad de cada enfermo.
Para respetar incondicionalmente la dignidad personal de cada paciente, además de la necesidad del realismo epistemológico y ético ya mencionados, no debe olvidarse que la ciencia biomédica, incluso la investigación, tienen una dimensión ética, que la ciencia debe hacerse siempre a conciencia.
El razonamiento sobre Etica médica no es algo meramente abstracto, porque tanto la Etica como la Medicina tienen como destino al ser humano, y éste debe ser considerado en la plenitud de su valor.
La necesidad de saber quién es el ser humano para esclarecer el modo correcto de tratarle es incuestionable. El ser humano, debido a su interioridad, se encuentra en la cima de todos los demás seres de la Tierra; es el único que es persona, que tiene intimidad y libertad, que es capaz de dar, que es sujeto y no objeto, que ha de ser tratado como fin y no sólo como medio, que tiene dignidad, y valorar por tanto quién se es y no qué se es.
Etica médica y derechos humanos están estrechamente vinculados; la dignidad personal del ser humano está siempre presente y siempre igual en todos y cada uno de los hombres y mujeres. Por tanto siempre y hasta su final, el ser humano ha de ser tratado y respetado como tal, como merece su dignidad, y, por tanto, reconociéndole los derechos personales, especialmente el de la vida.

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